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domingo, 21 de septiembre de 2014

Estoy matando el tiempo.Y el tiempo me está matando.

No se cuantos cigarros llevo desde que dejé de fumar, o cuantos insomnios me has provocado desde que no pienso en ti, o cuantas canciones ha reproducido el silencio, o dónde empieza la distancia y dónde el orgullo. No sé cuántas maletas he hecho, para terminar quedándome tirada en la cama, esperando que vinieses, de madrugada, y me dijeses que es hora de ir a París.
 Sigo sangrando todo tipo de esperanzas, ya lo ves. 
A veces cierro los ojos. A veces miro las estrellas, son como eras tú, cuando estabas: brillan entre tanta oscuridad. 
Y es eso, que aunque sé que existen los finales, siempre he ignorado cómo tenerlos en cuenta. 
Me abrazo con fuerza, es la única forma; la única que tengo de sentir que sigo siendo de carne y hueso, porque algunas noches me siento más bien como si fuese el humo que sale de tu boca al fumar.
Hay demasiadas colillas amontonadas y apagadas en el cenicero, y cada vez que las miro pienso: "Esto es todo lo que nos queda". Cenizas. Algo que se ha quemado. Creo que he sido yo. Creo que es demasiado tarde para llegar a tiempo a cualquier parte, y es que hace mucho que solo deseo llegar a tus brazos. 
Ya no puedo llorar. Ya no recuerdo cómo era eso de no querer salir corriendo. Salir corriendo, pero de mi. 
Ahora sólo escribo, que es la única forma que tengo de gritar. Alguien quedará que sepa entenderlo. 


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