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domingo, 15 de enero de 2012

Dilubio y rumor.



Las duchas funcionan treinta segundo hasta que las válvulas, accionadas por un resorte, se cierran y obligan a pulsar de nuevo el botón de acero.
Cuando se acaba el agua, el hombre que se ducha a tu lado a veces no se da cuenta de que se ha cortado el chorro.
Las manos en el pelo torrentes de espuma corriéndole por la cara, los ojos fijos en la lejanía, lo rodea el sonido del agua; tú sigues apretando el botón, pero ese hombre está perdido en los baldosines blancos, en la fluorescencia, perdido en el diluvio y el rumor.

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