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lunes, 26 de diciembre de 2011

Los caballeros siempre acentúan los tiempos débiles.

Quería ser otra vez ella misma, recuperar todo cuanto había tenido que ceder en medio siglo de una servidumbre que la había hecho feliz, sin duda, pero una vez muerto el esposo no le dejaba a ella ni los vestigios de su identidad.
Era un fantasma en una casa ajena que de un día para otro se había vuelto inmensa  solitaria, y en la cual vagaba a la deriva, preguntándose angustiada quién estaba más muerto: el que había muerto o la que se había quedado.


Perder el amor es como estar muerto en vida.



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