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viernes, 24 de enero de 2014

Olvidé la lección a la vuelta de un coma profundo.

Quizás hoy te despiertes y pienses en lo que no pasó ayer, en lo que viene y va, en lo que se quedó por el camino, en las ideas que decidieron quedarse en casa, en los deseos que se pagan con manijas del reloj oxidadas y en todas esas cosas que llegan sin llegar a destinos olvidados.

Puede también que te encierres entre cuatro paredes, imaginando luces en vez de salir a verlas, que te inventes leyendas en lugar de hacerlas, que busques la respuesta en cajones vacíos teniendo las soluciones retumbando tras la puerta, que esquives ese golpe de suerte llamando a tu quietud soledad.

O puede que comprendas que lo importante de lo que entra y sale es la pequeña mota de polvo que decides no limpiar, que en cada minuto que pasa hay un segundo que merece ser recordado, que cada golpe recibido deja una herida que te hace saber quien eres, que has salido ileso de cada una de esas guerras, que el punto de partida de cualquier sueño no puede ser otro que el despertar.

Tal vez comprendas que el dolor no cura cuando tú mismo te haces daño. 

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