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miércoles, 26 de octubre de 2011

Cielo arriba.

Regalar la capacidad de volar, dar alas a quien amas, es la sensación más grande del mundo.
No había volado nunca, pero había volado siempre.
Yo gritaba fascinada y feliz, eufórica de vivir.
Un chillido de fuerza y alegría, ajeno al miedo.
Me reí a carcajadas, satisfecha de verlo tan contento.
Solo cuando nos pusimos boca abajo movió la cabeza a un lado y a otro, sorprendido de lo raro y móvil que podía ser el mundo.


Que corta la vida cuando se contempla desde el final.




Escribo y cada palabra me aproxima a mi final.
Recuerdo que me preguntaron cuál era mi destino.
¿Yo, mi verdadero destino? Me reí, hacía tiempo que no me reía.
Alguien respondió por mi: "Su destino es volar".




Adiós, gracias por enseñarme a volar.
O hasta luego. Me da fuerzas saber que volaré pronto hacia ti.

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