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lunes, 7 de noviembre de 2011

Mi bando eres tu.

Lo cierto era que solo me importabas tú, tu felicidad y tu paz. 
Y tu salvación y tu paz dependían de la salvación y la paz de Madrid.
Por eso luché. Pos eso, sin otra ideología que tú hice mio el "¡No pasaran!" que cada vez sonaba en más bocas.
La Historia cuenta las derrotas o las victorias, pero es incapaz de ponerse en la piel y el corazón de un soldado aislado, individual, que corre fusil en mano sin saber hacia donde; que solo ve fuego y oye explosiones; que no tiene más amigo que el soldado que corre junto a el, y de pronto cae muerto, sin otra orden que obedecer que la de los latidos de su corazón aterrado en el pecho.
Y la Historia, también, enumera los nombres de lugares gloriosos donde se han ganado o perdido batallas.
Pero el soldado solo ve el muro derruido, la esquina de piedra o el campo abierto por el que aparecerá, solitario como él, el enemigo armado. 





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